Muchas vueltas le he dado a la forma de celebrar este nuevo cumpleaños. Muchas son las cosas que quisiera decir, aunque no tengo claro el cómo. Muchos recuerdos de los últimos meses, unos que merecen la pena contar y otros que buscan el olvido. Y sobre todo, mucho que agradecer.

En este caso, no me importa tanto la amistad o el cariño, lo que más destaco es esa preocupación, esos treinta segundos que muchos y muchas del pueblo han usado para preguntar por mí. Familiares, amigos, y otras muchas personas, con las que incluso no me une una excesiva amistad, por decirlo de alguna manera, se han acercado y se han interesado. Deseo dar las gracias, me emociona el apoyo y el calor de sus palabras.

Además, quisiera destacar la labor, el trabajo, el trato, de personas como Paula o Antonio, de Araceli, madre mía qué eficacia la de Araceli, y de otras muchas personas que he ido conociendo durante los últimos meses, años ya. Son del reinasofía, y me han hecho sentirme muy a gusto, totalmente confiado y entregado, como me decían algunas de ellas.

Y debo destacar al propio sistema, generoso en el funcionamiento. No es criticable el pago de impuestos que al final repercute de esta forma tan eficaz en lo “público”, por lo menos, por esos lares.

Y hay momentos, que por emocionantes, no se me pueden olvidar. Como aquél en el que una mujer se puso a mi lado, peló una manzana, la partió en pedazos, y me los fue dando. Después un yogur, cucharada a cucharada.

Pero, a quien debo agradecer que esté ahí, es a ella, mi compañera de viaje. Ya tengo comprobado que, muchas veces, el sufrimiento derivado de un problema no siempre lo pasa quien lo tiene, sino quien está a su lado. Varios lleva, demasiados, y debo agradecer que esté ahí, y también decirle que “ya no más“.

Claro que, hay extras que incrementan ese sufrimiento y que se podrían evitar. Un ejemplo es cuando un profesional le dijo a ella “ya lo llevamos, tal y como quieres, ahora, si no llega…“. ¿Cómo se le puede ocurrir decir algo así en momentos como aquellos? El ser humano es así, variado, hay de todo.

Hace unos años decía que esto, cada día, “se parece más a una carrera donde hay que darle vueltas a un circuito“, y “cada vez que termino una vuelta, sonrío, respiro hondo y a seguir corriendo“. Pues nada, enfilo la siguiente vuelta con optimismo, siempre lo he hecho.

A ver qué tal.

Muchas gracias a todas esas personas que, de una forma o de otra, se han interesado por mí. De corazón.