No, no, tranquilidad, no es que haya llegado a esa edad en la que no paramos de contar anécdotas de la mili, de los buenos amigos que uno hizo allí y de lo que se echa de menos aquel sitio. Es sólo que al darle un repaso a lo que uno ha hecho, no se me puede pasar que yo sí hice la mili (aquello a lo que te obligaban antiguamente…).

Estuve 9 meses, como un embarazo, terminando en agosto de 1993.

De la primera parte, del ‘campamento’, no hay nada que destacar, igual de ‘puteado‘ bien que todos.  Lo hice en el CIR SANTA ANA de Cáceres. Una imagen ilustrativa del lugar:

CIR Santa Ana

Abajo del todo de esta entrada está el momento de la ‘jura’ de bandera.

Y me fui a mi ‘destino’. A partir de ese momento todo cambió, nada que ver. Algunos detalles:

Estuve en la ESCUELA SUPERIOR DEL EJÉRCITO, no era un cuartel, en pleno Paseo de la Castellana, junto a Nuevos Ministerios, en Madrid. Estábamos como mano de obra barata apoyo de la escuela.

El edificio, aunque parece un palacio, fue construido para ser sede del COLEGIO NACIONAL DE SORDOMUDOS Y CIEGOS, y después fue para la escuela en cuestión.

Edificio

Ahora es Centro de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), que también estaba cuando la escuela superior,  y Escuela Superior de las Fuerzas Armadas (ESFAS).

Edificio

El primer día guardé el uniforme en la taquilla y lo recogí el último día. NO ME LO PUSE NUNCA. Por mi trabajo iba de ‘paisano’.

Allí, según me percaté el primer día, estaban los ‘enchufados’ de la mili y yo. Por eso comencé en, quizás, el peor puesto, “Vigilancia Militar” (es decir, de portero…).

El segundo día rellenamos un papel, y me explayé (mal hecho). Puse que sabía escribir a máquina y me pusieron en una oficina (en “Habilitación”). Puse que tenía carné de conducir, y me pusieron un cargo más, de conductor (por las mañanas iba a la casa de uno a recogerlo y al mediodía lo llevaba devuelta).

¿Habilitación? Llevando la contabilidad de la escuela (sí, sí, jeje). Dos curiosidades:

  • Todos los meses íbamos al Banco de España (por aquello de que también era conductor) y recogíamos el sueldo de todos los que trabajaban en la escuela (profesores, etc.). Era un espectáculo verme darle vueltas al banco con el coche hasta que salía el de los dineros…
  • Todos los meses iba a edificios de grandes empresas para darle un taloncito. Recuerdo el de Repsol, impresionante e interesante las vueltas hasta llegar a la mesa correcta…

¿Conductor? Sí, fue un fallo, llevaba menos de UN AÑO con el carné y con unas mínimas instrucciones estaba yo en mitad de Madrid, solo, intentando llegar a diferentes lugares. No se me dio mal. Una curiosidad:

  • Las tardes las tenía libres (sí, sí, señores, oficina cerrada y el colega en su casa) y lo mejor era irse a ‘ver’ Madrid. ¿Qué pasaba si me quedaba? Que tendría que llevar a alguno que no estaba en ‘buenas condiciones’  (y si lo tenía que llevar, ya se intuye a partir de qué rango) a su casa (de Madrid o de algún pueblo cercano) o a algún tipo de local nocturno que ahora no recuerdo.

Y a modo de ejemplo, cuento otro trabajito para que se entienda cómo eran los días allí: Era el cumpleaños de la hija del que vivía en el chalé que había en el patio de la escuela (¡!), y lo celebraba en la piscina del chalé. Nos dieron una lista con los invitados y… Pues eso, en la puerta recibiendo al personal (e imaginaros el personal). Lo dicho, nada que ver esto con el principio de mi mili.

Como lo guardo todo, y como ya se sabe que me gustan las tablas y los cuadrantes, aquí os muestro el cuadrante de lo que hice cada día [haz clic aquí para agrandar]:

Cuadrante

¿La anécdota del último día? Que me encontré a Lisardo en el viaje de vuelta, en el tren. Ya si eso, que esto os lo cuente él, jeje.

Mili