Estar en reuniones donde se habla de trabajos relacionados con la agricultura y la ganadería desaparecidos o en desuso es un lujo. Los que no somos muy rurales aprendemos nuevas palabras cada cuatro minutos. Algunas sí las he podido oír alguna vez, pero otras no; algunas sí que vienen en el diccionario, pero otras no, y no es porque estén mal dichas.

Por cierto, la palabra “rural” tenemos claro a qué se refiere, ¿verdad? No es tan amplio el significado como yo creía:

rural

Hace unos días se habló en este medio sobre la palabra “abellotar“, no la he oído nunca por estos lares. Curioso que al buscar su significado en la Real Academia Española, que no aparecía, vi cómo sí que aparece otra palabra, “abellota“, ya en desuso. A veces oímos a nuestros mayores y damos por hecho que no hablan bien, que se inventan palabras. La verdad es que algunas veces no es así.

abellota

Y todo este rollo es porque el otro día escuche de boca de cuatro personas diferentes, y no de la tercera edad precisamente, la palabra “arancía“. Por el contexto sabía su significado pero, haciendo memoria, no recordaba haberla oído nunca. Será por aquello de no ser yo muy rural.

La busqué en la RAE y no venía, la busqué en el libro “Vocabulario de Los Pedroches” de Juan Pizarro y no venía, la busqué en el libro “Vocabulario gachero” de Francisco Pastor y no venía, la busqué en Google y sí que iban apareciendo cosillas. Busqué en páginas un pelín más específicas de la red y sí que aparecía.

Así, a lo pronto, se podría definir “arancía” como “el arte de arar“, palabra que años atrás sí que se usaba con asiduidad. Os muestro este ejemplo de 1888, aunque buscando en diccionarios del siglo XIX, que se pueden consultar en la red, tampoco aparece:

"El Anunciador. Boletín comercial", número 17, 9 de febrero de 1888

“El Anunciador. Boletín comercial”, número 17, 9 de febrero de 1888

¿Conclusión después de todo esto?, que he aprendido una palabra nueva, que no estará en el diccionario, pero sí que se usa en nuestra zona. Y ya se sabe, no es justo que lo nuestro, nuestras tradiciones, nuestra forma de hablar, nuestra vida se vaya diluyendo en la historia. Debemos estudiarla y recordarla. Eso sí, para eso están los estudiosos, yo solo soy curioso.